Por Sol Pozzi-Escot

El documental Javier Sologuren. Vida Continua, dirigido por el cineasta Mario Pozzi-Escot, es un testimonial grabado a mediados de los años 80. En él, el poeta reflexiona en primer plano sobre la poesía, el arte y las realidades sociopolíticas de su época, explorando su universo literario y su visión trascendental de la vida y la palabra.

Su avant premiere se llevará a cabo el 23 de febrero de 2025 a las 7:00 p.m. en el Jazz Zone de Miraflores, Lima (Av. la Paz 656, Miraflores). Entradas vía WhatsApp al +51 928 749 766.

¿En qué circunstancias conociste a Javier Sologuren? ¿Por qué lo entrevistaste?

A través de VIDEOMEMORIA, una acción audiovisual creada por mí en esos años, cámara en mano, me propuse como alternativa frente a la realidad de nuestro cine el rescate de diversas manifestaciones de arte, creación, talento y trabajo de muchos de nuestros mejores artistas, tanto en la poesía como en el cine, el teatro, la música y la pintura.

En esa época, unido a poetas de diversos grupos, pude acercarme a escritores de generaciones distintas, entre ellos a los de la del cincuenta, casi todos entrevistados y grabados por mí en sus respectivos espacios de trabajo. Sologuren, Javier Sologuren, era uno de los pocos sobrevivientes de la generación del cincuenta a finales de los setenta. Lo conocí gracias a un gran grupo de poetas: Los Horazero.

¿Qué aportó Sologuren a su generación poética?

 Gran poeta, artista único, creó una auténtica obra que trasciende país, tiempo y palabra. Su generación, la llamada del cincuenta, nos dio una profunda visión de la poesía, el arte y la literatura como expresión, abarcando, entre encendidas polémicas de la época, un gran espectro de la poesía. Fue famosa la diversidad de encuentros y disputas entre los llamados en su tiempo poetas puros y poetas comprometidos. Estaban en juego, a nivel político e ideológico, sus contenidos, letra y expresión, tanto estética como filosófica.

¿Qué aporta el cine a esa visión creativa?

En esta película presento el cine como testimonio, la palabra de Sologuren, en este caso grabada por mí en esos años, que nos trae su pensamiento, recuerdos, trabajo y, sobre todo, trasciende su visión del arte y la vida.

Entiendo que la conversación que tuviste con el poeta versa, entre otras cosas, sobre la poesía pura en contradicción con la poesía comprometida. Hoy, habiendo pasado el tiempo, ¿qué opinas sobre ese debate?

Pues para mí fue una gran sorpresa en esos años—hablo de finales de los setenta—descubrir parte de esos rigurosos debates políticos sobre ciertas funciones ideológicas de la poesía y las diversas realidades que nos conforman. A decir verdad, llegaron a esclarecer el rol, el papel, la necesidad de opinión y, sobre todo, la posición política sobre la creación y sus diversas responsabilidades. Era un intenso, o más bien, un profundo debate entre varias líneas, tanto partidarias como sociales, clasistas y, sobre todo, intelectuales. Debe haber sido una maravilla poder escuchar a Romualdo, Blanca Varela, el mismo Sologuren, Salazar Bondy exponer, defender y procesar posiciones, ideas y creación de por medio. En este testimonial, que rescato y que forma parte de mi documental, Sologuren es claro y objetivo sobre este fenómeno.

¿Existe el cine puro?

El cine es un arte y, a la vez, una industria, así como una perfecta oportunidad para esclarecer políticamente realidades tanto sociales como filosóficas, antropológicas, artísticas, etc. Dependerá de si ves el cine como un producto comercial, con su diversidad de géneros expresivos, o como una expresión artística, con sus diversas contradicciones y, a la vez, aportes a la realidad.

El cine es un proceso y, como tal, está y es símbolo de cambio y acción. La pureza es una búsqueda, es acción y trabajo; va más allá de horizontes académicos, formales, oficiales, etc. He ahí sus exigencias y su esencia.

El cine no es lo que los “autonombrados corporativos dueños del cine” quieren que sea.

¿Dónde se encuentran cine y poesía?

La poesía existe en uno; es un estado de creación y pensamiento. El cine, a nivel estético, a nivel artístico y, claro, a nivel tecnológico, solo en sus diversas expresiones honestas lucha por estar en la poesía, por acercarse a ese gran nivel de la experiencia y el pensamiento humanista. Dicho sea de paso, si es arte, es obviamente antidogmático, libre, y si es creación, va tras la poesía. Como objeto, como elemento expresivo, busca la verdad y las diversas realidades y tempos que nos conforman, entre ellas la realidad de la poesía y del arte, en busca de la libertad de expresión por encima de técnicas, efectos, fórmulas, clichés y, sobre todo, lugares comunes que caracterizan el cine llamado comercial, de entretenimiento, de género argumental y/o de producto comercial masivo.

El cine, como la poesía, buscan al hombre en toda su magnitud y, cuando eso sucede, el encuentro es irrepetible.

¿Cómo lograr que un lenguaje cinematográfico sea personal -poético- pero a la vez accesible, abierto al público?

Es un gran reto, sobre todo teniendo en cuenta la gran diversidad clasista que satura y manipula las posibilidades de educación, formación, espíritu crítico, sensibilidad y opción política de vastos segmentos.

El cine debe superar la malsana creación de productos destinados a públicos determinados, considerados números de butacas, cantidad de entradas y demás intereses de capital e inversión. Si es así, cae en la especulación, la manipulación, la censura y, lo que es peor, en la autocensura de unos cuantos que van tras fondos, ganancias, etc., etc., y para quienes el cine no pasa de ser un “entretenimiento” más que posicionar y vender.

¿Cómo ves el desarrollo de las corrientes poéticas desde Sologuren hasta hoy?

El Perú es un país en poesía… con todos los riesgos que esto implica. Tanto las generaciones anteriores como las que siguieron y siguen después de la del cincuenta aportaron y nos dan, en poesía, verdad, creación, arte y derecho.

¿Cómo es que esta película representa el espíritu de Un Otro Cine como propuesta artística, pero también de Videomemoria, como proyecto de vida?

Gran pregunta. Un Otro Cine es posible gracias al trabajo realizado por mí desde décadas atrás, en la búsqueda justamente de esa memoria, de ese pensamiento y visión de muchos de nuestros más preclaros artistas, pensadores y creadores.

El testimonio de Sologuren centra el valor de la película a nivel de reto y creación, base de mi propuesta Un Otro Cine. Nadie tiene un material audiovisual de ese nivel. VIDEOMEMORIA, mi acción, cumple con sus objetivos.

¿Hace falta poesía en el Perú? ¿Hace falta cine? ¿Cómo encontrarlos?

El Perú abarca un amplio espectro social, cultural y vivencial, único en el mundo. Teniendo en cuenta su nivel político, económico y social, así como su cultura en proceso y desarrollo, en la búsqueda de su propia esencia, nuestro país llegará—y no solo a nivel legislativo y constitucional—a liberarse de las taras de la dominación, la explotación, el nefasto mercantilismo, la corrupción y demás realidades que agobian no solo a segmentos y clases, sino también a las naciones que nos conforman.

Como dije, el Perú es un país en poesía; de ahí la esperanza, el cambio y el encuentro con su verdad y misterio, por supuesto milenario y, a la vez, moderno y actual.