La postmodernidad ha traído consigo innumerables y asombrosos avances tecnológicos, el gran desarrollo de internet y de las redes sociales ha permitido un acceso instantáneo a cualquier tipo de información o conocimiento y una interconectividad global que nos permite sentir, como si tuviéramos frente a nosotros, a cualquier persona con la que deseamos comunicarnos sin importar en qué lugar del mundo en que se encuentre y, además de una aparente sensación de libertad sin precedentes ocasionada por el cuestionamiento a las verdades absolutas y los grandes relatos, permitiendo nuevas formas de pensamiento más libres.
Sin embargo, también ha generado una profunda crisis psicológica en los individuos. La inestabilidad emocional, la ansiedad y la depresión se han convertido en problemas cada vez más frecuentes en la sociedad contemporánea.
Uno de los factores clave en esta crisis es la sobrecarga de información. Hace algunas décadas tuvimos tal carencia e información que era como vivir en el desierto y un texto con algún conocimiento nuevo, se atesoraba como un oasis. Hoy, el desierto se ha transformado en una selva que no nos deja ver por dónde ir, las redes sociales y los medios de comunicación bombardean constantemente a las personas con noticias, tendencias y comparaciones que generan un sentimiento de insuficiencia e insatisfacción. La idealización de vidas perfectas en plataformas digitales a veces provoca inseguridad y una sensación de fracaso en quienes no logran alcanzar los estándares idealizados por las mayorías.
La automatización y la Inteligencia Artificial amenazan con dejar obsoletos millones de trabajos tradicionales.
Un factor de gran interés ha sido la pérdida o relativización de valores tradicionales, como el amor, el respeto, la solidaridad, la responsabilidad, la lealtad, la honestidad, la humildad, el trabajo, etc., lo que junto con la falta de un sentido de pertenencia ha contribuido al aumento de la angustia existencial. En la postmodernidad, las instituciones que antes brindaban estabilidad, como la familia, la religión y la comunidad, han perdido influencia. Esto deja a muchos individuos en una búsqueda constante de identidad y propósito, generando estrés y confusión.
El consumismo excesivo también juega un papel importante en esta crisis. La sociedad postmoderna impulsa la idea de que la felicidad está ligada a la adquisición de bienes y experiencias, lo que lleva a una permanente insatisfacción. La búsqueda interminable de placer inmediato y validación externa hace que las personas sean más vulnerables a la frustración y la desesperanza.
Para enfrentar esta crisis, es fundamental fomentar el autoconocimiento y el desarrollo de relaciones auténticas y una reconexión con valores esenciales. Aspiremos a generar vínculos y a construir relaciones verdaderas y con sentido. Impregnemos el mundo con nuestros valores más apreciados, pertinentes con los tiempos que vivimos, orientados a evocar nuestro espíritu de verdadera libertad, amor y solidaridad con el prójimo. Además, debemos esforzarnos en conocernos a nosotros mismos para reconocer nuestras fortalezas y debilidades y, por sobre todo, alcanzar esa reconexión emocional interior, alcanzar esa consciencia de mi emocionalidad ante lo que es vivir y vivir con otros y de la gran importancia del sentimiento por lo que soy, por lo que son los demás y valorar la vida no solo en su aspecto material, sino también en el espiritual, que es el único que nos liberará del retroceso de lo humano ante lo tecnológico.
NELSON HIDALGO CONCHA
Ex Académico y Vicerrector de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Chile