Con el nuevo año que iniciamos lo que va a predominar en la política es la carrera hacia una próxima elección presidencial y parlamentaria. Todos los proyectos de ley pendientes, incluso la misma Reforma Previsional, van a estar condicionados por los procesos electorales que nos aguardan. En este sentido, lo más probable es que el Gobierno logre cumplir una mínima porción del programa presidencial de Gabriel Boric, esto es con las aspiraciones que tenían los distintos referentes del Frente Amplio y el Partido Comunista.
De esta forma es que algunos observadores coinciden en el fracaso del actual mandatario y que su gestión va a resultar “más parecida a la del presidente Aylwin que a la de Salvador Allende”. Mientras que otros hablan de la metamorfosis política de Boric, en cuanto a que en el poder se ha ido convirtiendo en un social demócrata, renunciando a todos sus ímpetus revolucionarios, en cuanto a ofrecerle a Chile cambios sustantivos muy poco probables de consumar en lo que le resta a su administración.
Aunque se culpe a la mayoría opositora en el Parlamento, lo cierto es que será muy difícil imponer una reforma tributaria para que las grandes empresas y los más ricos paguen más impuestos. Así como tampoco aparece probable el fin de las Administradoras de Fondos de Pensiones, las AFP, que estaba entre las demandas más sentidas de la población. Menos, todavía, se ve como posible el termino de las isapres de salud que siguen asaltando el bolsillo de sus cotizantes y, para colmo, se burlan de la sentencia de la Corte Suprema que dictaminara la devolución de los cobros abusivos a estos. Ofreciendo las entidades condenadas un pago en miserables cuotas mensuales, lo que ha dejado atónitos a los jueces, los políticos y, desde luego, a los miles de chilenos estafados.
En otro plano, todo lo que se presenta en materia económica es que el país tiene un mediocre desempeño, que apenas e crece en un 1 o 2 por ciento y que los déficits de vivienda se heredaran al gobierno que siga, así como la posibilidad de éxito en materia de seguridad, con una crisis que tiene a los habitantes del país “mirando para adelante, para el lado o por el espejo retrovisor” para salvar de los asaltos y crímenes que se multiplican día a día.
Nada tampoco es posible esperar en cuanto a resolver los problemas de la Araucanía, a las radicales demandas de la población mapuche, como al descalabro que esta controversia produce en las empresas forestales acosadas por el pueblo que fuera despojado de sus legítimos derechos y territorios. Pese a la militarización establecida en la zona y al estado de emergencia prolongado por el actual gobierno, es decir por quienes en el pasado respaldaban con ímpetu la causa indígena.
Asimismo, sería largo enumerar los pendientes en materia educacional, en que a todas luces ya no se satisfarán las demandas que voceaban los jóvenes dirigentes universitarios y el Movimiento Estudiantil. Esto es en sus masivas movilizaciones por una “educación pública gratuita y de calidad”. Cabe agregar a esto la escuálida asignación de recursos asignados por el último Presupuesto Nacional de la Nación a la cultura y el arte.
Las encuestas y sondeos públicos nos indican que actualmente las más altas expectativas de triunfo la tienen los sectores del centro político, por encima de los referentes más radicales de la derecha y de la izquierda. Esto es en favor del amplio arco de los socialdemócratas chilenos, representados por los socialistas, el PPD hasta los centroderechistas del Chile Vamos. Pasando por lo que queda de la democracia cristiana, los socialcristianos y otras expresiones menores, interesadas ahora en que no se avance hacia una Reforma Electoral que borre del mapa a aquellas denominaciones que no alcancen por sí mismas el 5 por ciento de los votos. Tal como ocurre en varios sistemas democráticos europeos. Una propuesta que ciertamente aspira a reducir el número de partidos los que hoy suman más de dos decenas.
Todo puede ocurrir de aquí a fin de año, pero lo que se aprecia como muy improbable que la izquierda (Frente Amplio y PC) pudiera alcanzar una mayoría de votos que logre darle siquiera continuidad al actual Gobierno de Boric. Sin embargo, lo que aparece nítido es que las abanderadas de la centroderecha y del Partido Socialista logran hoy concitar un mayor apoyo popular. Precandidatas que, de llegar a La Moneda, no representan opciones ideológicas muy disímiles y hacen pensar que, en cualquier caso, el modelo neoliberal no será, ya, demonizado por la política. Aunque en ambos casos solo se hará viable su mandato si cuenta, en un caso, con el apoyo de las expresiones de izquierda. Así como, en el otro, el respaldo o de los republicanos de la llamada ultraderecha.
Esta inercia socialdemócrata podría lograrse si en el tiempo que queda surgieran liderazgos potentes por fuera de los partidos políticos, desde donde sigue comprobándose para la opinión pública que su principal faena de todos estos es la de aferrarse al poder, o alcanzarlo nuevamente en esta consolidada rotación en el Ejecutivo de centro izquierdistas y centroderechistas.
Todo indica, además que, al no manifestarse una voluntad real de cambios asistido por la movilización social, lo más probable es que el país siga sumido o empantanado por las coaliciones de centro.